Por quién doblan las campanas
ALC Ciudad, 02 octubre 2006.
Joaquín López Compañ
Una vez más y para no modificar las buenas costumbres, a pesar de que el reglamento de Participación Ciudadana permite las intervenciones en los plenos municipales, públicos y abiertos, establecido en el artículo 6, los vecinos una vez más y como casi siempre se tienen que conformar callando y otorgando. ¡Parece que no se enteran! ¡Su única obligación consiste en votar dada cuatro años y entregar la blanca confianza, porque los manda-mases saben muy bien lo que tienen que hacer. Esto es así. Y si no, qué no les hubiesen otorgado la confianza ¿No es cierto?
Los vecinos y concreta-mente sus asociaciones han quedado relegados al simple papel de mudos espectadores de sus propios intereses. Si no me falla la memoria, la Constitución Española dice en su artículo: La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. Si eso es así no se entienden las palabras del primer edil, cuando, dirigiéndose a la concurrencia espetó: «Se ha solicitado intervenir en el pleno, he hablado con los portavoces de los grupos y no se permitirá la solicitud». Lapidario mensaje donde los halla, definiendo con diáfana claridad que la participación activa no tiene cabida en el extraordinario pleno que se ha celebrado por orden judicial.
El pleno extraordinario de Mercalicante se ha celebrado sin pena ni gloria pero no se ha dejado intervenir a las asociaciones vecinales y
la oposición no ha protestado
Es incuestionable, que el lejano escándalo financiero de Mercalicante se ha tratado por los munícipes. ¡Créanmen!Es cierto, se ha celebrado en la más absoluta exquisitez y formas de urbanidad. Las correctas intervenciones de los munícipes ha sido de guante blanco, -¡qué digo blanco!- blanquísimo nuclear para ser mas exactos y para muestra los pimpollos, que convinieron todos a decir lo mismo: Primera intervención. La culpa la tienes tú y tus amigos porque para eso mandábais -se dice desde la tribuna-. ¡No! Así no es. La culpa sólo la tiene uno, el jefe y se tiene que marchar , para eso lo he denunciado. Se continúa exponiendo. ¡De eso nada! La culpa es vuestra porque en primer lugar y te lo digo a ti que eres la más joven y porque tú no estabas allí y tu amiga me dijo que no venía. Se produce la réplica. En cuanto a ti, que eres más alto; la culpa también es tuya porque estaba allí y no decías nada. Se cierra el primer turno.
Todo lo que se expresaba, se decía por micrófono y con locución elevada, pero nadie, absolutamente nadie, tuvo la oportunidad de escuchar en boca de las portavocías el desmentido de las lapidarias palabras del primer edil en su exposición preliminar.
Pero sigamos con la segunda intervención: Mi amiga decía lo mismo que digo yo. Se expone de nuevo desde la tribuna: ¡No para nada! Eso no tiene nada que ver, la culpa esta claro que la tiene el jefe porque mandaba y no quería que nosotros dijéramos nada. Se replica de nuevo: ¡De eso ni hablar! La culpa la tiene el gerente que no está aquí… Eh, eh, eh… Porque tengo unos papeles, en los que creo dicen, que él. Era el malo de la película…
No me quedan fuerzas para seguir divagando sobre el interesante asunto municipal y he decidido resumir el acto en una sola frase: «Entre todos la mataron y ella sola se murió». Aunque las tasas del sepelio, cargos de tanatorio y gravámenes de transporte, tengan que correr como siempre a cargo de los silenciosos ciudadanos.




