PASEANDO POR LA ETERNIDAD

Abr 5, 2024 by

Cuando el calendario gregoriano indica la mañana de un viernes, once de enero de dos mil tres, una sofocante presión nubla el paisaje

El pecho se encoge, la lluvia se precipita y la coerción crece. Las gotas de sudor resbalan por la frente. La cosa no anda bien. Amenaza tormenta. Nadie se encuentra seguro, aunque está a punto de empezar: el blog, la charla y la conferencia

Un pequeño grupo empieza a trabajar cuando de repente (Él) se presenta: viene embozado, oculto y enmascarado.

No llega como de costumbre. No presenta su habitual tarjeta de visita, aparece de repente. A traición, de forma diferente. Distinta, de otra manera.

Su afluencia es por las bandas, por el lateral. Por los lados, por diestro y por siniestro -o si se prefiere- Por babor o por estribor.

  • Pero de improviso.
  • Sin avisar y cuando nadie lo espera.

Surge de pronto. Como una depresión que se desplaza rápidamente invadiendo el sistema. Como una súbita tormenta que desencadena toda su furia para crecer como «tsunami» de calor, frio y sudor. Se ha presentado como una horrible pesadilla que se abalanza sobre su presa penetrando y presionado el sistema hasta llegar a colapsarlo.

El miedo aparece primero, y se une al apuro y luego a la preocupación, cuando Aldo exclama…

  • Necesito aire
  • Quiero respirar
  • Tengo mucho calor

El rostro de Aldo se ha desencajado. Está pálido y cadavérico, presenta mareos y está angustiado cuando de repente se levanta de la silla que ocupa frente al ordenador y dice…

  • Me voy a casa
  • Algo no anda bien

Nadie de los que hay en la sala se ha percatado. Ninguno de los presentes espera la avenencia. Todos los del salón en algún momento han percibido la reacción, aunque ninguno la ha distinguido. No obstante, (Él) llega y el director se altera. – Quiere saber y conocer. Pero está lejos y no sabe lo que ocurre. – Se preocupa.

Quiere acercarse para atender la situación, pero está lejos. ¡Si! – Esta muy lejos.

Frente al director un infranqueable muro de ordenadores (filas y filas de computadores) le cierran el paso

  • Es difícil alcanzar donde (Él) ha llegado, pero, aun así, el director lo intenta.

Mientras, y en ese preciso instante, Susana conversa animadamente con Johnny cuando de pronto la mujer se estremece. Su faz se transforma, pero reacciona de inmediato al darse cuenta de que Aldo (quien ocupa el espacio intermedio entre ella y Johnny) esta empapado en sudor y demacrado. – Me lo llevo a urgencias.

  • ¡Me lo llevo a urgencias! Exclama

Johnny no sabe muy bien qué es lo que pasa. Hace pocos minutos que intenta conectar el ordenador y esta confundido. Se encuentra en una encrucijada, o atiende la inesperada llegada; o conecta el cable que da vida al ordenador

Se debe significar que Johnny, en argot laboral, es el experto a quien todos acuden cuando surgen problemas informáticos

  • Así que mientras Johnny se debate entre tomar una decisión u otra.

Aparece Alambrito que acaba de llegar y todavía no se ha familiarizado con la situación, aunque en ese instante las personas que ocupan la sala suman seis: el director, Susana, Aldo, Johnny, Alambrito y (Él) … que, por cierto; ha llegado entorno a las nueve de la mañana, minuto arriba, minuto abajo.

  • (Él) que llega en silencio. Nadie lo invita y ninguno lo llama.
  • Se ha presentado de repente y sin avisar.

Aunque, después de todo, no pasa mucho tiempo para que la aventura se transforme en alarmante preocupación: porque si el director no se hubiera preocupado en remolcar a sus compañeros hasta el área de informática y Susana no hubiera empezado a comentar con Aldo cuando este había terminado de escuchar a Paco, posiblemente no hubiera pasado nada. Y todo habría sido totalmente distinto, o sea, no hubiera sido igual.

Pues si la mañana hubiera nacido primaveral y el sol hubiera brillado en las alturas, y la suave brisa hubiera movido las ramas de las palmeras. Muy probablemente las aves se hubieran despertado como todos los días dando la bienvenida al nuevo día y hubiera sido muy posible que (Él) no hiera aparecido.

Por lo cual, pasear por la eternidad hubiera sido distinto. Así, las niñas: Nata, Jazmín y Caramelo hubieran estado alborotando por el salón del cielo mientras la voz de mamá, riñéndolas, se habría escuchado desde el piso inferior donde Aldo posiblemente hubiera estado leyendo la novela de Phylip Zimbardo. «El efecto Lucifer. El porqué de la maldad».

Sin embargo, no ocurrió así. – Fue diferente. – Distinto.

Porque si Susana que venía descubriendo los semáforos que no cambiaban de color y todos los vehículos mal estacionados que interrumpían la circulación. Estaba realmente preocupada pues (Él) se había instalado cómodamente y presionaba el pecho de Aldo con verdadera fuerza.

La angustia de Aldo se multiplica y la presión lo agita.

Se ha de significar que en el turismo viajaban tres

(Él) quien se ha metido sin avisar. Aldo a quien le cuesta respirar y Susana que conduce.

  • No sé si llegaré a tiempo.

El tráfico se amontona y los obstáculos no cesan. Los semáforos no cambian y los coches no se apartan. Susana está viviendo una difícil situación. Se halla frente a un escenario infernal y piensa alarmada. – El tiempo es un factor esencial.

Cuando de repente se interrumpe el pensamiento de Susana al escuchar la voz de Aldo diciendo:

  • Parece que la presión remite.
  • Necesito respirar aire fresco.
  • ¿Cómo hago para abrir la ventanilla?

La pregunta sorprende a Susana, que cae en la cuenta de tener conectada la calefacción del automóvil y Aldo necesita respirar. Susana cierra el paso del aire caliente y abre rápidamente la ventanilla del turismo.

Su compañero de trabajo está pálido y desmejorado. Saca la cabeza por la ventana del vehículo y buscar el aire fresco del exterior.

  • Aldo respira con dificultad.
  • Susana reflexiona la escena y se pregunta: «pero si hace un instante ha dicho que la presión está remitiendo».
  • El pensamiento de Susana la tranquiliza.

Sin embargo, es evidente que en el trabajo se ha producido una complicada situación que es preciso solventar ya que la coerción ha crecido desmesuradamente porque si Susana no hubiera tenido los suficientes reflejos para tomar la decisión muy probablemente las cosas hubieran sido distintas. Es más, hubieran sido completamente diferentes: ya que el momento hubiera sido distinto porque si en vez de conducir Susana lo hubiera hecho Aldo, con MERCEDES.

  • ¿Este habría llegado a casa?, y
  • ¿De haber sido así?

Hubiera recogido a Vida y ambos se hubieran trasladado a recoger a Nube para poder pasear por el parque, jugar con las palomas y tirar trozos de pan al estanque de los patos.

Así que visto desde la nueva perspectiva, la situación hubiese sido distinta y en realidad así lo fue porque si Aldo no hubiera viajado desde el vehículo hasta camilla donde perdió el conocimiento difícilmente hubiera podido caminar entre las nubes, recorrer senderos desconocidos y atravesar parajes ocultos para recorrer puentes invisibles cubiertos de espesa niebla y cruzar mares de extensa calima donde divisaba en la distancia las extraordinarias figuras que lo esperan al final del corredor y a donde (Él) se ha encargado de empujar hasta que Aldo alcanza el borde.

Por lo que es natural que Aldo camine despacio puesto que desdeña la progresión

  • Aunque la ilusión, el silencio y la satisfacción de lo hallado lo animan a recorrer la pacífica sabana que lo invita a profundizar por el páramo.
  • Un barbecho repleto de columnas situadas a derecha e izquierda que pronto se transforman en esbeltos cipreses de figuras rectilíneas para convertirse, al paso de Aldo, en deliciosos parajes que invitan a caminar por la extensa avenida donde una multitud mira, sonríe, e atrae.

Sin embargo, y sin ninguna explicación aparente, la profusión se aleja cuando el recién llegado la intenta alcanzar.

Es evidente que la situación ha provocado extrañas sinergias que desconciertan al empujado. Puesto que a pesar de todo se siente bien en el estadio y no desea regresar al estar encantado de haber llegado al lugar deseado y por fin conquistado. La enorme base de la gran biblioteca circular que se elevada en altura hasta el cielo para acariciar la brillante y moteada luz del firmamento.

La enorme librería se halla repleta de pergaminos, convenios, documentos y colecciones de libros o tratados análogos o semejantes entre sí, ya por las materias que tratan, ya por la época ya por nación o autores a que pertenecen… ya para buscar la palabra; una palabra; esa palabra: TEMPLANZA que no deja de ser una de las cuatro virtudes cardinales.

  • Que viene a decir que, según la religión católica vincula la templanza con la abnegación ante deseos y placeres.
  • En cambio, la filosofía, ya desde los griegos, la refiere a la capacidad de mantener la calma y el equilibrio.

Así que, después de lo vivido, viene a ser cuando se produce el silencioso aguijonazo de la hipodérmica que atraviesa la epidermis del recién llegado y penetra por la principal arteria y provocando el estrepitoso despertar en la antesala del umbral de las virtudes intransitables que han permitido poder pasear por la eternidad.

DON PERO. 2024

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