Venezuela Provincial
En mayo de 1814, en el puerto de Juan Griego, isla de Margarita, Simón Bolívar consumó uno de los actos más crudos de la Guerra a Muerte.
Prisioneros realistas—españoles y americanos— fueron obligados a cavar sus propias tumbas antes de ser fusilados a sangre fría. El testigo ocular, Henri Louis Ducoudray Holstein, oficial francés al servicio de Bolívar, relata el hecho:
«Yo mismo pude presenciar su falta de corazón en el Puerto de Juan Griego en mayo de 1814 […] El primero estuvo acompañado de una circunstancia adicional de crueldad, que fue que a los prisioneros se les obligó a cavar sus propias tumbas» (Holstein, Memorias de Simón Bolívar y de sus principales generales, 1828, p. 443).Este episodio formaba parte de una ola de ejecuciones: Bolívar había ordenado en febrero fusilar a 1.253 prisioneros en Venezuela, sin piedad ni súplica. En Juan Griego, la crueldad se extremó con la humillación previa: los condenados, con manos atadas o bajo vigilancia armada, removieron la tierra arenosa del litoral margariteño, sabiendo que allí yacerían sus cuerpos. El sol abrasador, el olor a mar y pólvora, y el silencio roto solo por paladas y órdenes secas, componían la escena de una muerte anticipada y ritual.
El almirante republicano Luis Brion, herido en tierra, se enteró y actuó de inmediato:
«tan pronto supo de esta ejecución, envió órdenes absolutas de que ningún prisionero más debería ser llevado a tierra, aun si Bolívar mismo lo ordenara. Así fueron salvadas cerca de 120 vidas» (Holstein, ídem, p. 443).
Holstein, que desertó después, denuncia la falta absoluta de corazón de Simón Bolívar en ese preciso lugar y momento. Juan Griego no fue solo un puerto estratégico: fue escenario de una ejecución ritual de crueldad calculada, donde la muerte se anticipó con pala en mano, grabando en la memoria de los sobrevivientes el terror como arma de guerra.
Autor: Emilio Acosta.




