Asociacionismo
LU, 2 diciembre 2019
JOAQUÍN LÓPEZ
- Me he permitido la licencia de transcribir literalmente la TRIBUNA, publicada en el diario INFORMACIÓN de Alicante, 30 de noviembre, 2019 y cuya autoría corresponde al Abogado y Secretario General de la Federación Provincial de Transportes de Alicante (FETRAMA), Francisco Ortiz. Por considerar que la pieza literaria define perfectamente y con gran exactitud el movimiento asociativo de carácter profesional, como también lo hace con el asociacionismo de carácter social, participativo, altruista y vecinal que marcó una época en la ciudad de Alicante.
TRIBUNA
Francisco Ortiz
Abogado y Secretario General FETRAMA
Aunque, en ocasiones, el asociacionismo puede ser cuestionado la realidad es que, a día de hoy, es un movimiento que tiene un profundo arraigo en implantación en nuestra sociedad, y no son pocas las asociaciones que, con un determinado ámbito territorial y funcional, se ocupan de dar traslado a la Administración, a las instituciones y también a la propia sociedad, de cuáles son sus inquietudes y de cuál es la razón de ser que las mueve para conseguir alcanzar sus objetivos y aspiraciones, constituyéndose, así, en la fórmula más eficaz y efectiva de interlocución.
Hoy, se puede decir, sin temor a equivocarse, que las asociaciones son el foro de encuentro del ideario plural de quienes las componen y en el que se vertebra esa pluralidad en un espíritu común y unitario. El asociacionismo que hunde sus raíces en ideas individuales, las compacta en una sola y, de ahí, de esa puesta en común, nace una forma de pensar y de actuar, la de las asociaciones que convierten lo disperso en único y cohesionado.
Se puede decir que el asociacionismo, a pesar de algunos detractores, se ha convertido en un movimiento real y con un marcado carácter de protagonismo en nuestras sociedad. Un movimiento que ha sabido vertebrar diferentes sensibilidades sociales y profesionales, para darles una forma unitaria. Un movimiento que nuestra Constitución, en su artículo 22, valida y lo reconoce como uno de los derechos fundamentales de quienes componemos (componen) la sociedad. Una sociedad que es abierta e incluyente, una sociedad en la que todos tenemos cabida, una sociedad de todos y para todos. Una sociedad que, en definitiva, encuentra en el asociacionismo el punto de encuentro preciso para que las individualidades den paso al ideario común, transitando por el respeto mutuo. Un asociacionismo que debe nacer, vivir y desarrollarse sin colores políticos en los que buscar el apoyo sobre el que construir el edificio que debe ser firme y sin fisuras.
Nuestra provincia, Alicante, es una de las grandes provincias de España. Y no sólo es grande por su peso dentro de la economía nacional. También es grande porque desde siempre ha sabido acoger a todos aquellos que, desde diferentes puntos de nuestra geografía y desde otros países y por diferentes razones, hemos (han) elegido esta maravillosa tierras para hacerla nuestra de de nuestros hijos. Por lo cual, viene a la memoria una frase de un insigne escritor. Wenceslao Fernández Florez que, no por antigua, se ha desgastado «Ser alicantino no es nacer en Alicante. Es sentir, vivir y amar sus cosas».
Una provincia abierta al mar que ocupa una posición muy destacada en el mapa geosocial y geoeconómica de España. Una provincia en la que sus comarcas han sabido ser la tierra en la que se han cultivado y crecido, son trabajo, diálogo, y sobre todo generosidad, asociaciones que también se han convertido, con el paso del tiempo, en portavoces reivindicativos, sin olvidar ninguna de ellas aquello común que las une. Una sola palabra, Alicante.
«El asociacionismo se ha convertido en un movimiento real y con protagonismo en nuestra sociedad»
Quienes en estos momentos, tenemos responsabilidades asociativas, tenemos, también, el sagrado deber de buscar los puntos de encuentro entre aquellos que son la razón de ser de las asociaciones, los auténticos protagonistas de esta maravillosa aventura llamada asociacionismo, los socios. Un deber que debe de ir más allá de nuestro presente y debe de prolongarse en el tiempo. Un deber en suma, que tiene que ser hereditario para quienes vendrán después de nosotros y además de ese deber social hemos de buscar nuevas fórmulas para poder ofrecer a los socios aquello que necesitan de manera más perentoria, ser oídos y escuchados, sobre todo esto último, donde sus problemas pueden ser solucionados y además, hemos de ser capaces de que a través de sus asociaciones puedan disponer de los servicios y prestaciones que son necesarios para el correcto desarrollo de sus funciones.
Unos servicios que, en el caso de asociaciones (de carácter profesional, minimicen los costes de explotación y) faciliten de manera ágil su gestión diaria. Los responsables de las asociaciones, hemos de realizar esa búsqueda desde el firme e íntimo convencimiento personal de que estamos en el camino acertado y, por ello, habremos de buscar día a día.
Y así, en este escenario, quiero (se ha de) finalizar, no sin antes reiterar (insistir) que la inclusión, la generosidad y el respeto mutuo deben de ser las piezas del motor que impulse el movimiento asociativo. Sólo desde la inclusión, y siendo capaces de ser generosas y respetuosas, las asociaciones serán capaces de hacer fácil lo difícil y sólo desde la unión se alcanzarán los objetivos, convirtiendo la debilidad de la dispersión, en la fortaleza de la cohesión, dando una respuesta segura, firme y sobre todo convincente a todos aquellos que de manera recurrente se cuestionan el ser o no ser de las asociaciones. Y la respuesta es sí. Una respuesta que he tratado (se ha de) de razonar que voy a tratar de resumir.
Las asociaciones hacen común lo plural. Hacen que lo común sea escuchado, y que lo común que es escuchado, se convierta en realidad. Eso son las asociaciones.




