La carta, una carta, esa carta

Oct 18, 2018 by

Estimada desconocida

HA PASADO MUCHO TIEMPO, MÁS DEL QUE deberíamos permitirnos o más del que deberíamos merecernos, han corrido más de diez años y aún seguimos en mundos diferentes y espacios desconocidos, nos hemos permitido perdernos en caminos desconocidos y eternos porque, como bien sabe, todo empezó como empiezan todas las cosas que empiezan.

  • Empezando.

Con un simple sueño vivido, una proposición hecha, un escrito negado o un mensaje obligado a dirigirla.

Así empezó todo, como todo lo que empieza de noche, oscuro y amenazando.

Erase una vez un sueño, un deseo; una fiesta, una música, una feria y una banda que tenía que tocar en un macro-concierto. Todo comenzó sin ganas, sin aliento y vestido con un traje gris. Un atuendo de fiesta color marengo. La noche avanzaba sin miedo. Era una tiniebla oscura sólo iluminada por la anacarada y pálida luz de la luna. El recinto estaba repleto de gente: unos caminaban sin rumbo, otros; los adolescentes, danzaban, saltaban y se divertían. Mientras que los terceros paseaban por el circuito acompañados de hijos, abuelos, y vecinos, o amigos. Mientras tanto las parejas de jóvenes se ocultaban y escondían al amparo de la penumbra para buscar la deseada intimidad. Todo era irreal o real. Ahora bien, será como lo desee el leedor de la presenta. Pero se ha de entender que la sombra caminaba llena de acontecimientos.

Él se encontraba en un parque al aire libre. En una fiesta, dando un paseo. Transitaba sin destino concreto. Había sido invitado y no sabía por quien, ni para qué. No obstante, vagaba de un lado para otro. Se movía por todo el ambiente. No tenía a donde ir y no buscaba sito concreto: stand, caseta o lugar donde dirigirse sin embargo había sido invitado a visitar la feria y seguía deambulando por la oscuridad cuando la oportunidad ofreció que se encontrara con dos: Manuel y Claudia.

  • Manuel Amargo hablaba con su hermana aunque más que hablar discutían.
  • Claudia Amargo sin embargo se resistía a seguir con la conversación aunque Manuel insistía y la amonestaba.

Ambos se encontraban en pleno apogeo de su discusión cuando llegó Él y se detuvo un instante para saludar. Él no se dirigió a Claudia porque hacía más de diez años que padre e hija no hablaban y las razones habría que buscarlas en la noche de los tiempos.

Por aquel entonces Claudia solo era una niña que contaba trece años, ahora es toda una mujer. Una dama universitaria que suma más de treinta, ochos de marzo, a sus espaldas y desde aquel ayer ha pasado mucho tiempo.

Manuel y Él abrieron la conversación.

  • No hubo besos ni abrazos.
  • No hubo acercamiento ni contacto.
  • No hubo nada de nada.
  • No era el momento.
  • La situación era tensa.

Padre e hijo hablaron de vaguedades cuando Manuel decidió invitar a su hermana a participar en la conversación.

Claudia se dirigió a su padre:

  • Ha pasado mucho tiempo.

Él respondió simplemente «perdone, a usted no la conozco y como bien dice; es cierto, ha pasado mucho tiempo».

  • No obstante, si algo desea resolver éste no es el mejor momento.

Claudia enrojeció y quedó sorprendida, era evidente que en lo más profundo de su pensamiento reconocía que la responsabilidad del desencuentro que duraba más de diez años, caía sobre su conciencia como losa pesada de la que no podía desprenderse.

Padre e hijo siguieron hablando de temas inconsistentes cuando Manuel no pudo soportar el terrible momento que se estaba viviendo y amonestó a su padre ya que Manuel no entendía por qué el padre no había aprovechado la oportunidad que se le brindaba para resolver la rencorosa situación existente entre padre e hija.

Él comprendió lo complicado de la situación que en la triple entente se había credo y en la difícil situación que su hijo había quedado, por lo que decidió despedirse y se alejó de los hermanos quedándose solo nuevamente. Solo como al principio de la noche, cuando se preguntó: ¿Por qué no lo he intentado? ¿Habrá sido por orgullo?, o será tal vez por las viejas heridas que todavía están sin cicatrizar. – No sé, respondió soliloquio. Era evidente que podían ser tantas y tantas las cosas que los separaban como: lo vivido, lo juzgado, lo sufrido, lo anhelado y lo llorado durante tanto tiempo que impidieron abrir la conversación y el diálogo que finalmente no se abrió pero que sin lugar a dudas machacaban su alma y la propia vida.

Él seguía caminado por la feria. No encontraba su sitio. Su traje color marengo no coincidía con el resto de indumentarias que se movían por el lugar. Era como si no estuviera allí. No se ajustaba al ambiente. Estaba desubicado. No era su sitio. Se encontraba en un mundo diferente.

A lo largo del paseo se encontró con una caseta prefabricada y en su interior una cama. Una cama tallada, vieja y barnizada. Una cama antigua. Una cama como las utilizadas por los abuelos. El pequeño prefabricado se presentaba muy acogedor y decidió descansar. – Se acostó vestido.

  • Solo se quitó los zapatos y se durmió.
  • El tiempo pasó y no supo cuanto durmió.
  • Pero la presencia de una figura desconocida lo despertó.

Él estaba rodeado de niños vestidos de «foguerers» que dormía a su alrededor. La presencia del hombre que, lo saludó simpático, lo descolocó. El desconocido recogió a uno de los niños y se marchó de aquel lugar. Él estaba aturdido y no comprendía nada de lo que pasaba, echó un vistazo a su alrededor  y descubrió a una niña que se había situado por encima de su cabeza durmiendo plácidamente, saltó  de la cama rápidamente y salió de la caseta. No entendía nada de nada, estaba turbado y desconcertado cuando abandonó el habitáculo que había ocupado. Pero en el umbral del prefabricado se topó con don Arsenioso Lebrijano que lo miró mostrando una sonrisa falsa y despreciable… Arsenioso no dijo nada pero en su mirada se adivinaba la traición que se perpetraba. El mensaje del figura Arsenioso se había entendido y abría de par en par la puerta de los viejos recuerdos ya que María Lebrijano, su ex mujer, probablemente anduviera por el recinto ferial buscando como siempre el encuentro con su nuevo amante que, al parecer, era miembro del grupo musical que actuaba esa noche en la feria. Él percibió la situación y no le gusto pues imaginó la recreación y se sintió dolido ya que el desdichado pensamiento abrió la puerta de la ira y se enfadó.

  • Necesitaba vengarse.
  • Y buscaba pelea.

Estaba muy cabreado y no iba a permitir que se le arrebatara a su pequeña de trece años.

Basilio Escalan se encontraba sentado en una mesa con sus compañeros músicos. El amante era un travestido y sus colegas se rían de él -era objeto de burla- pero aún así disfrutaba de su imagen y su indumentaria le gustaba porque coqueteaba. La Basi, que era como la llamaban, se fotografiaba con los errantes y posaba haciendo posturas intencionadas. Estaba entusiasmada con su papel de travestida cuando llegó Él buscando pelea y provocó a la «vedette», con nuez en la garganta: la Basi quiso acceder a la riña pero su cobardía e indumentaria reprimieron el combate. Los colegas de Basi la abuchearon, se rieron y mofaron del travestido pero éste utilizó un arma oscura y secreta que sacó de su entrepierna -compresa sucia que llevaba- que lanzó contra el recién llegado. Él esquivó el paquete con sutil reflejo pero quedó desconcertado. El fallido intento del travestido y el desconcierto permitieron la huida de Basi que, con tacones de aguja, se perdió en la oscuridad de su alma negra que lo cobijó. Las risas no dejaron de sonar lo mismo que las burlas y mofas que también quedaron flotaron en el enrarecido aire de aquel ambiente.

Él, después de la fallida contienda y en vista del poco éxito obtenido, se alejó del lugar sin poder calmar su ira. Todo le daba igual porque había conocido a su rival y no le importaba nada. La ira se había frustrado y había perdido la poca fantasía que aún quedaba en aquel lugar y en esa fiesta. Ilusión que difícilmente podría recuperar por lo que se sintió fastidiado, enfadado y traicionado mientras seguía deambulando entre la multitud que lo rodeaba. Él seguí esperando hallar algún indicio, señal o pista que indicara por qué se encontraba allí, en aquel lugar, en aquel recinto, en definitiva, en aquella fiesta.

Vagaba por el circuito cuando una voz gritó su nombre. Era la de Lisa Grande, voz que hacía tiempo no había sabido nada de ella, pero que en ese momento prefirió no recordar  y aunque desde el principio la había reconocido en la distancia, a pesar de la luz que lo alumbraba, no quiso responder a la llamada e intentó alejarse. Pero Lisa gritó de nuevo y abandonó la mesa que ocupaba para salir en su búsqueda. Él intentó disiparse entre la multitud -no lo consiguió-. Lisa lo alcanzó y lo invitó a que la acompañara; no tardaron en llegar junto a la mesa donde unos amigos y familiares los recibieron… Él saludó a la concurrencia y se excusó diciendo que tenía que marcharse pues no le apetecía recordar el pasado.

Lisa insistió en que se quedara ya que solo quería hacerse una simple fotografía; Él accedió y tras el breve reportaje se marcho del lugar, no quería y no le apetecía estar allí porque se encontraba asqueado, cansado y enfadado. Los viejos recuerdos lo abrumaban y atormentaban; quería huir, alejarse, dejarlo todo y marcharse.

No obstante, lo antiguo lo perseguía cuando de pronto sintió la enorme necesidad de correr. Sentía unos deseos incontrolables por correr, unas ansias desmedidas y desesperadas por iniciar una veloz carrera y corrió, corrió y corrió vertiginosamente. Saltó un obstáculo, otro, un parterre, un tercero, un cuarto más y siguió corriendo desesperado, con decisión y con avaricia, corría y corría cuando un nuevo obstáculo se reveló y lo intentó saltar pero se remontó, se elevó y elevó hasta alcanzar el vuelo que permitió que flotara por el espacio……… aunque al final no lo consiguió y cayó de bruces hundiéndose en el abismo profundamente.

Un profundo círculo de barro que lo atrapó. Un fangoso redondel que lo engulló entre sus fauces… intentó salir pero se hundía irremediablemente porque nada lo sujetaba. Se estaba hundiendo de forma imparable cuando unas vibrantes carcajadas burlonas y estruendosas proclamaron: «ahora se hundirá un cuerpo en el barrizal».

La baraúnda seguía riendo y se mofaba pero aquella frase; ¡sí! Aquella frase lo hizo reaccionar… estaba agotado y no podía más pero aquella frase, en aquel momento, y solo entonces, permitió que decidiera actuar empujando la tierra que lo rodeaba… empujó y empujó con todas sus fuerzas para desplazar aquella gleba seca que lo cercaba para abrirse camino en aquel fangoso lodazal por donde emergió……… y luego se despertó.

Han pasado muchos años y seguimos en mundos diferentes puesto que todo lo que empieza, por fuerza tiene que terminar. Al recibo de la presente será un buen momento para suturar la cicatriz, grande o pequeña que nos ha incomunicado, abismo que se debe cerrar para que las almas alcancen su bienestar y después reposen en paz.

Esperando deseos de participar en el encuentro pues ha llegado el momento de desplegar las alas que permitan alcanzar la salvación.

Siempre suyo.

Él.

Don Pero, a veintiocho de noviembre de 2018.

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