Muere quien se puso al orbe por montera

Ene 14, 2019 by

ELCHE, A TREINTA DE OCTUBRE DE 2010. Hoy es un día diferente. No es un día como los demás. Hemos perdido la sonrisa, Lola Puntes Rodriguez ya no está. No la veremos por la calle, no nos entrevistará en la radio, no la veremos por la tele, no nos sonreirá más. Lola se ha marchado dejando un profundo vacío en la ciudad industrial. En su bosque de palmeras.

¿Qué podemos decir de Lola que no se haya dicho ya?

– Que era un ser especial.

– Que era una persona extrovertida.

– Que era una mujer diferente a todos los demás y que se puso el mundo por montera para vivir una vida que sólo supo vivir ella.

Una vida de entrega, una vida de cariño, una vida de amor hacia los demás. Encaminada a las personas, hacia su entorno, hacia una sociedad que la contempló de manera diferente…

– Hubo quien la criticó –por qué no.

– Pero, también, hubo quien la admiró.

Aunque sabemos que sólo ella se enfrento a una sociedad anclada en el pasado. Una comunidad diferente a su tiempo. Porque todos sabemos que Lola y su Pamela fueron un icono para el progreso para una sociedad del siglo XXI. Abierta a nuevos adelantos, nuevos mensajes y a una forma distinta de ver y compartir la vida con todos y cada uno de los que la quisimos y comprendimos.

A nadie se nos escapa su manera de vestir, su sonrisa al caminar, su bondad al recibir, sus colores al andar y su ayuda a los demás: pintores, bohemios, artistas y músicos que llenaron su vida de arte –bueno o malo- qué más da. Pero ahí estaba Lola para buscar el favor, pedir la sala de exposición o hablar con el Ayuntamiento para hacer la necesaria gestión.

– ¡Sí! -Ahí estaba Lola.

Siempre Lola, abriendo camino a los demás.

Como dijera, Jorge Bucay, en su cuento titulado… En un lugar del bosque… Esta historia nos habla de una persona famosa…

Era muy conocida dentro de su comunidad porque todos decían que era una mujer moderna, tan introvertida, tan imaginativa y tan novedosa que Dios escuchaba sus palabras cuando ella hablaba.

Se había creado una tradición en aquel pueblo: todos los que tenían un deseo insatisfecho o necesitaban algo que no había podido conseguir, iban a verla.

Ella se reunía con ellos una vez por semana, en un día especial que ella elegía. Y los llevaba a todos juntos a un lugar único que ella conocía, en medio del bosque.

Y, una vez allí -cuenta la leyenda- Ella encendía con ramas y hojas un fuego de una manera muy particular y muy hermosa, y entonaba después una oración en voz muy baja, como si fuera para sí misma.

Y dicen… Que a Dios le gustaban tanto aquellas palabras que ella decía, se fascinaba tanto con el fuego encendido de aquella manera, amaba tanto aquella reunión de gente en aquel lugar del bosque… que no podía resistirse a la petición de Ella y concedía los deseos de todas las personas que allí estaban.

Pero… El tiempo ha pasado y, de generación en generación, la sabiduría se ha ido perdiendo… Y aquí estamos nosotros.

Nosotros no sabemos cuál es el lugar en el bosque.

No sabemos cuáles son las palabras…

Ni siquiera sabemos cómo encender el fuego como lo hacía Ella… Sin embargo, hay algo que sí sabemos. Sabemos esta historia. Sabemos este cuento…

Y dicen… Que Dios adora tanto este cuento, que le gusta tanto esta historia, que basta que alguien la cuente y que alguien la escuche para que Él, complacido, satisfaga cualquier necesidad y conceda cualquier deseo a todos los que están compartiendo este momento…

Así sea…

Lola, siempre te llevaremos en nuestro pensamiento.

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