Los Inmortales

May 8, 2026 by

“Todas las almas son inmortales, pero las almas de los justos son inmortales y divinas”Sócrates

 EL DESPERTAR DEL MAL

– Mi oráculo, ¿qué has visto en tu sueño?

– A los titanes… siendo liberados

– ¿Pero, por quién?

Por el rey Hiperión. Busca el arco de Epiro para reinar sobre la humanidad.

Debemos rezar

Cuando este mundo todavía era joven, mucho antes de que el hombre y las bestias erraran por estas tierras, se libró una guerra en los cielos: la guerra de los Inmortales. Aquellos a quienes se creía incapaces de morir descubrieron que tenían el de matarse entre sí.

En esta batalla se perdió un arma de un poder inimaginable: el arco de Epiro. Los vencedores se proclamaron Dioses, mientras que los vencidos, bautizados como Titanes, fueron encarcelados para siempre en las entrañas del monte tártaro. Pasaron los milenios, surgió la humanidad y la Gran Guerra cayó en el olvido.

MONTE OLIMPO

Los Dioses: Zeus, Hera, Poseidón, Deméter, Atenea, Afrodita; Ares; Hefesto; Apolo; Artemisa; Hermes y, de manera alterna, Hestia o Dionisio.

Sin embargo, el mal que una vez reinó… ahora resurge.

EL CONFICTO

  • Monte Tártaro (Grecia): Prisión de Titanes.
  • Tribu Heracliana: Liderada por el sanguinario Rey Heperión.
  • Tribu Helena: Teseo y Lisandro (el traidor).
  • Aliados: El monje sibilino y Estavros, el ladrón.
  • Las visiones: De las cuatro vírgenes del oráculo, tres mueren ejecutadas en el toro de bronce. Solo sobrevive el Oráculo principal, quien debe conservar su pureza para no perder sus visiones.

ENCUENTRO EN EL MONASTERIO 

Monasterio Sibilino, Grecia -1228 a. C.

  • Mi oráculo, has tenido una visión. ¿Qué has visto?
  • El rey Hiperión está aquí. Viene a por mí, Debemos huir ahora.
  • Ese esclavo que está junto al agua… está bendecido por los dioses. Si se une a Hiperión, toda Grecia será destruida. ¡Traed a los guardianes!

EPÍLOGO

El Legado de Teseo

“Todas las almas de los hombres son inmortales. Pero las almas de los justos son inmortales y divinas”.

El Anciano: Teseo, que antaño fuera un hombre humilde, dio su vida para salvar a la humanidad y se ganó un lugar entre los dioses. Ellos recompensaron su valentía con un regalo: su hijo, Acamante.

El Anciano: No temas tus visiones, pequeño ¿Cómo te llamas?

El niño: Acamante.

El Anciano: Un nombre poderoso. Yo conocí a tu padre; era un hombre muy valiente. Pronto llegará tu momento.

El niño: ¿Mi momento para qué?

El Anciano: La lucha contra el mal nunca termina, Acamante. En el cielo se avecina una nueva guerra y tu padre estará allí, luchando por tu futuro.

La Oráculo: ¡Acamante! ¡Acamante! ¿Quién era ese hombre?

El niño: Solo un anciano.

 

 

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